Mercedes Fuentes

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Mercedes Fuentes

Venezuela:el futuro ¿volverá a sorprender?

Recupero este artículo, escrito al terminar 2017 y publicado en uno de mis blogs anteriores. He revisado ligeramente el texto, conservando la mirada y las preguntas de entonces. Lo comparto como testimonio de aquel momento y de la preocupación con la que observaba el rumbo de Venezuela.

Venezuela ha finalizado 2017 sumida en una profunda crisis.

Tras las últimas manifestaciones protagonizadas por la oposición desde el 31 de marzo hasta finales de julio, el Ministerio Público registró 124 muertes, según recogió entonces la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Cifras extraoficiales, dadas por el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social , elevó el número de víctimas mortales a 163.


 Mientras, Estados Unidos amplió las sanciones económicas aplicadas en 2014 y 2015, de carácter individual, enfocadas exclusivamente en personas específicas y no en la economía general del país. Las de este 2017 afectaron la negociación de  nuevas emisiones de deuda y bonos del gobierno.

La Asamblea Nacional elegida en diciembre de 2015 vio menoscabadas sus atribuciones, mientras sus diputados sufrían hostigamiento. La Asamblea Nacional Constituyente asumió funciones legislativas, profundizando el conflicto institucional y el desconocimiento de la voluntad expresada en las urnas.

La ruptura institucional alcanzó también a la Fiscalía. La Constituyente destituyó a la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, y nombró en su lugar a Tarek William Saab. Ortega Díaz salió después del país.

Estas decisiones demostraron al ciudadano que su voz era ignorada por el mismo sujeto  que, en su nombre, justificaba su legitimidad en el poder.

El caos se profundizó. Tras los ingresos fabulosos que sostuvieron la revolución, Venezuela entró en un deterioro que parece no tener fin ni retorno.

La escasez de productos básicos, así como la ausencia de medicinas y  combustible, han lanzado a la precariedad al ciudadano común que busca escapar de esta situación.

Los errores cometidos desde las altas esferas se magnifican… Al gobierno se le ven los pies de barro. Los logros cacareados no son tan magníficos que consigan sustentar un movimiento que a todas luces ha fracasado.

El suelo se hunde para el socialismo del siglo XXI. Las bases parecen  ser de arenisca, como las de las montañas que rodean la capital y sobre las que se erigen miles y miles de viviendas que amenazan  con derrumbarse ante las lluvias tropicales que azotan al país.

El poder culpa del desastre a la guerra económica. Pero el ciudadano apunta a decisiones políticas fallidas y a la corrupción generalizada.

Para los acólitos de la revolución saltar la talanquera se ha convertido en hecho corriente y, a todas luces, imparable.

La fe y la fidelidad de los seguidores revolucionarios  reclamadas  por los líderes, vive  horas bajas. Se busca  imponer por la fuerza unos ideales que ya no convencen. Con los estómagos vacíos la fidelidad revolucionaria es un lujo que resulta difícil de otorgar.

La revolución bolivariana se hunde inexorablemente en el fracaso. Sus líderes parecen vislumbrar una única salida: el autoritarismo.

Nadie podrá decir que Venezuela no tuvo la oportunidad de escribir una historia diferente; pero para escribir esa historia se necesita mucho más que deseos. Son necesarios hombres capaces, íntegros y con una clara conciencia del bien común.

Estas características están ausentes en los dirigentes que tienen en sus manos las riendas del país; y también en parte de  los de la oposición. No es baladí la expresión de “alacranes” referente a algunos “opositores”. Tras ella se esconde el grito de traidores.

En medio de este caos, el país semeja estar a las puertas de protagonizar otro giro. Todo indica  que el futuro volverá a sorprender a los ciudadanos venezolanos.

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