Mercedes Fuentes

Palabras que conectan mundos

Escribir es recordar

Mercedes Fuentes

Primera etapa en “El Mundo”.

Ejerciendo el reporterismo.

Mi entrada en el periodismo se produjo en 1979, cuando todavía cursaba los primeros años de Comunicación Social. Comencé como pasante en “El Mundo”, un vespertino de Caracas en el que permanecí durante seis meses y fui rotando por distintas fuentes informativas: policía, sanidad, servicios públicos y espectáculos. Aquella experiencia me permitió descubrir muy pronto que la profesión se aprendía tanto en la redacción como recorriendo la ciudad, haciendo preguntas y escuchando a personas cuyas historias rara vez encontraban un espacio en los periódicos.

Entre mis primeros trabajos estuvieron la investigación de las causas por las que un hospital se quedaba reiteradamente sin agua y la situación de un barrio situado en una zona montañosa, donde los vecinos denunciaban filtraciones de una sustancia que podía ser gas o gasolina. También acudí al Instituto Nacional de Obras Sanitarias (INOS) para averiguar por qué se producían tantas fallas en el abastecimiento de agua de Caracas. Aquellas investigaciones me hicieron comprender las enormes presiones que sufrían los servicios públicos de una ciudad que había crecido aceleradamente por la llegada de emigrantes en busca de mejores oportunidades.

Uno de los casos más impactantes de aquella etapa fue la entrevista a las madres de varios jóvenes asesinados por celos por un agente de la Policía Metropolitana de Caracas, conocido entonces como el distinguido Ledezma y, más tarde, como el “Monstruo de Mamera”. Era todavía una periodista muy joven, pero aquel encuentro me enfrentó de manera directa al dolor de las víctimas y a la responsabilidad que implica contar una historia marcada por la violencia.

En la fuente policial.

Otro reportaje nació de la denuncia de una mujer que, tras la muerte de su esposo, no podía pagar el alquiler y se encontraba a punto de ser desalojada junto con sus hijos. Trabajaba como costurera confeccionando el vestuario de una obra teatral sobre Simón Bolívar que se preparaba con motivo del futuro bicentenario de su nacimiento. Titulé el trabajo: “La costurera de las Bolívar se queda en la calle”. Para mi sorpresa, el artículo alcanzó una repercusión considerable y me mostró que una historia aparentemente pequeña podía revelar las contradicciones de toda una sociedad.

También informé sobre las denuncias de médicos y estudiantes de Medicina acerca de las irregularidades que afectaban a los hospitales públicos. A consecuencia de aquellos trabajos llegué a recibir amenazas. Fue una enseñanza temprana sobre las dificultades del periodismo cuando la investigación cuestiona intereses, responsabilidades o formas de funcionamiento que algunos preferirían mantener ocultas.

El mundo del espectáculo.

Mi paso por la fuente de espectáculos me permitió acercarme a un ámbito diferente. Entrevisté, entre otros, al fotógrafo y cineasta italiano Franco Rubartelli, conocido por haber contribuido a la proyección internacional de la modelo Veruschka. Cuando lo conocí, se encontraba trabajando en la edición de su película “Simplicio”, cuya presentación a la prensa también tuve oportunidad de cubrir.

Aunque entonces no podía prever el rumbo que tomaría mi trayectoria, aquellos meses en “El Mundo” establecieron las bases de mi manera de trabajar. Aprendí a investigar problemas concretos, a buscar las causas que se ocultaban detrás de los hechos y, sobre todo, a prestar atención a las personas afectadas por ellos. En aquellas primeras noticias ya estaban presentes algunos de los asuntos que continuarían acompañándome: la violencia, la desigualdad, la emigración, el crecimiento desordenado de las ciudades y las vidas que quedan atrapadas en procesos históricos y sociales que las superan.