El 7 de junio de 2026 asistí a la proyección de Simón en el Centro Cultural Casa de Vacas, en el parque de El Retiro. La sesión formaba parte del ciclo de cine-foros organizado por Casa Club Venezuela y coincidió con la celebración de la Feria del Libro de Madrid.
Acudí en compañía de Jorge Gonçalves Romero y de Linda D’Ambrosio Morales, poeta, narradora, columnista del diario venezolano El Universal y promotora de actividades culturales.
La película presenta a Simón, interpretado por Christian McGaffney, un joven líder estudiantil que lleva consigo las heridas de la represión y afronta los dilemas del exilio y la búsqueda de asilo.



Para algunos de los presentes, la proyección fue una experiencia dolorosa. Escuchar sus intervenciones me hizo pensar en el cine como un espacio de catarsis colectiva, donde las heridas individuales encuentran eco en la memoria de otros. Linda D’Ambrosio compartió esa sensación de dolor ante lo narrado.
Mi reacción fue distinta. Después de haber vivido el día a día de Venezuela durante los últimos años, lo que veía en la pantalla no me produjo el mismo impacto que expresaban otros asistentes. Vivir aquellos acontecimientos en primera persona me había impactado mucho más que verlos representados en la pantalla.



La película está basada en los hechos reales de la crisis y las protestas en Venezuela de 2017 que se tratan en Venezuela: ¿el futuro volverá a sosrprender?. El protagonista, Simón, es un personaje ficticio que creó el director Diego Vicentini es un símbolo que representa la realidad de miles de jóvenes venezolanos.
El guion se nutrió de entrevistas a líderes estudiantiles reales que fueron detenidos, reprimidos y torturados durante las protestas antigubernamentales. Retrata la dura represión del Estado, el trauma psicológico de los sobrevivientes, la culpa del exilio y el dilema de pedir asilo político en Estados Unidos sabiendo que no se puede regresar


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