Reflexiones nacidas de la observación de la realidad cotidiana y de los interrogantes que plantea nuestro tiempo. Un espacio para mirar más allá de las apariencias y compartir preguntas sobre el mundo que habitamos.
Recientemente tuve la oportunidad de ver-escuchar la entrevista que Jorge Gonçalves Romero realizó en el 2021 al artista Alfredo Ramírez Lira en su Podcast “Personajes de la Venezuela Virtual”.
Con la entrevista-conversación entre Jorge y Alfredo regresaron a mi mente reflexiones que son un leitmotiv. Entre ellas está la constatación de que la generación venezolana de los Baby Boomers fue el resultado de un país de oportunidades, pujante y en crecimiento. El contraste con los resultados de los últimos 26 años es evidente.
Tanto Alfredo como Jorge son dos dignos representantes de una Venezuela que brindó oportunidades de desarrollo para propios y extraños, tanto en el área del progreso económico como en el de la formación académica.
Las oportunidades existían y estaban al alcance de personas de distintos niveles sociales, aunque no todos pudieran o quisieran aprovecharlas del mismo modo.
En Venezuela no solo la educación pública básica y secundaria era gratuita; también la universitaria. Pero, adicionalmente, la población tenía acceso a becas en instituciones académicas de prestigio en otros países gracias a las becas Gran Mariscal de Ayacucho.
Universidad Central de Venezuela (UCV).Vista aérea de la Universidad Simón Bolívar (USB)Universidad de los Andes (ULA), ubicada en Mérida.
Alfredo, hijo del arquitecto Luis Ramírez y Ángela Lira, es un artista plástico que pasó por la Escuela Cristóbal Rojas y por el taller del grabador y ceramista uruguayo Ángel Fong.
Posteriormente, a finales de los 70, Alfredo expuso individualmente con el nombre “Homenaje a Van Gogh”, en su ciudad natal, Mérida. El éxito de crítica y la recepción de esta primera exposición individual fue el impulso definitivo para su carrera.
En la década de los 70 y 80 Venezuela funcionó como puerto de refugio para muchos intelectuales y artistas del Cono Sur.
La Escuela Técnica de Artes Visuales Cristóbal Rojas es la institución de enseñanza artística más antigua de Caracas. La Escuela Cristobal Rojas nació en 1833 y se formalizó en 1835 como la Academia de Dibujo y Pintura. Más tarde pasó a ser conocida como la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas.En la gráfica el artista uruguayo Ángel Fong, uno de los muchos exiliados que llegó a Venezuela en la década de los 70.
La confianza y el reconocimiento del entorno intelectual venezolano llevaron a este artista en ciernes a dar el gran salto. Así fue como en 1980 viajó a Italia para ingresar en la Academia de Bellas Artes de Brera en Milán y después en la de Venecia.
En esta etapa trabajó en litografía, grabado y serigrafía en el Instituto Internacional de la Gráfica en Venecia.
Por su parte Jorge Gonçalves, estudió Ingeniería Eléctrica, con especialización en alta potencia y generación de energía eléctrica. Posteriormente viajó a Alemania, donde realizó un doctorado en Arquitectura de Computadores en la Universidad de Paderborn, centrado en el diseño de la estructura interna y del hardware de los computadores.
Entrada de la Universidad Simón Bolívar (USB).La USB buscaba impulsar el talento en ingeniería, ciencias exactas y básicas, arquitectura y urbanismo, junto con carreras cortas de Técnico Superior Universitario.En la gráfica el edificio sede de IBM en Caracas.
Tras completar su formación en el extranjero Jorge y Alfredo regresaron a Venezuela y desempeñaron labores de docencia. Alfredo impartió clases de expresión gráfica y grabado en la Universidad de Los Andes y Jorge ejerció como profesor de la Universidad Central de Venezuela e investigador en el Centro Científico de IBM de Venezuela.
Alfredo Ramírez en su taller trabajando en una de sus obras.Jorge entrevistado en su etapa de investigador en el Centro Científico de IBM. Compaginaba su trabajo de investigación con la docencia en la Universidad Central de Venezuela.Jorge en 1991 durante una charla en INTEVEP (Instituto de Tecnología Venezolana para el Petróleo) sobre paralelismo y otras arquitecturas del computador
Como resultado de su trabajo, Alfredo recibió varios premios, entre ellos la mención en dibujo de la Galería Art Mondial, Milán, en 1980; y el de la V Bienal de Guayana en 1997 por su icónica obra de esqueleto de aluminio y alta tensión titulada “Birth-Right: columna”.
Hoy en día los ciudadanos caraqueños pueden apreciar “La Aguja de Caracas”, “Biosilice, “Atawa Shihi” (“un gran árbol” en lengua yanomami) y “Flight Machine” en diferentes lugares de la capital.
“La Aguja de Caracas” en la Plaza Diego Ibarra.“Atawa Shihi”, en la Autopista Francisco Fajardo“Biosilice”, en la entrada del Cementerio General del Sur.
Por su parte, Jorge terminó trabajando para la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y como consultor en la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) en los 90 con sede en Viena, Austria.
De esta experiencia Jorge Gonçalves adquirió una visión global en geopolítica y economía internacional que actualmente nutre su obra como escritor.
Pero sus inquietudes no se limitaron al campo científico. Como bien señaló este verano el editor David Malavé en La Feria del libro de Madrid, Jorge “es un hombre del Renacimiento”. Con esta afirmación David consigue describir una trayectoria que conjuga la labor científica con el campo artístico y la literatura.
En la gráfica Jorge durante su etapa en Viena.Jorge fue galardonado en la tercera edición del premio Tamara Art Award (Roma), evento que rinde homenaje a la célebre pintora Tamara de Lempicka y reúne a artistas inspirados por su estética.Su obra pictórica neo-realista y expresionista ha sido adquirida de manera regular por coleccionistas particulares a través de galerías y ferias de arte tal como se señala en Saatchi Art: en Austria, Alemania, Inglaterra, Suiza, Estados Unidos, Emiratos Arabes, Arabia Saudita, Venezuela…
Entre las actividades de investigación de Jorge Gonçalves se puede mencionar el desarrollo de un método matemático para el cálculo de la descomposición LU, basado en el algoritmo de Gauss, que utiliza en su trabajo artístico.
Conocí a Jorge durante nuestra etapa en IBM de Venezuela. Tanto él como Alfredo son apenas dos venezolanos de los muchos que admiro. Compartir con personas como ellos enriquece. Y sin duda, pertenecer a la misma generación y a su círculo de amigos es un privilegio.
Pensando en esto, miro hacia el pasado con ojos del que juzga desde la experiencia y la distancia. En esa mirada siento que se conjuga admiración y tristeza. Admiración por lo que se hizo, por lo que somos y fuimos; tristeza por un presente lleno de dificultades que demuestra que lo que se tiene no siempre se aprecia en su justa medida.
En la gráfica Ricardo Hausmann, profesor en economía de la Universidad de Harvard.Claudio Mendoza desarrolló parte de su trayectoria investigadora en la Western Michigan University. Según el AD Scientific Index, consultado el 12 de octubre de 2026, ocupa el puesto 15 entre los investigadores registrados de esta universidad por su índice acumulado.Claudio Mendoza, el joven que conocí en su etapa del Centro Científico de IBM de Venezuela.
La situación actual de Venezuela insta a plantearse la diferencia que existre entre formación académica y responsabilidad ética.
La interrogante que surge es: cuando llegó el momento de las responsabilidades, ¿qué hizo nuestra generación afortunada con los conocimientos adquiridos gracias a las oportunidades que el país brindó?
Era de esperarse que tras aprovechar las oportunidades que brindaba una Venezuela próspera, esta generación llevase al país a mayores cuotas de bienestar y progreso. Pero algo sucedió para que no fuese así.
¿Dónde estuvo parte del fallo? En la doble vara de medir: evitar condenar los abusos y la corrupción de quienes consideramos «nuestros», mientras nos afincamos en los de los contrarios. Unos fueron responsables de sus actos; otros contribuyeron a sostenerlos al cerrar los ojos, justificarlos o encubrirlos. El resultado está a la vista.
El tiempo demostró que el acceso a la educación, el tener un título o desarrollar una carrera profesional no garantiza honradez, respeto por los demás ni compromiso con el bien común.
La generación venezolana actual ya no tiene las oportunidades de sus padres o abuelos. Muchos emigraron buscando un futuro mejor. Profesionales como Jorge, hoy en día en Viena, y Alfredo, en Milán, Italia, también tuvieron que abandonar el país.
La pérdida de profesionales venía ya desde principios de los años noventa, continuó a finales de esa década y se acentuó a comienzos de los años dos mil.
En una Venezuela en ruinas, la carencia alcanza a los recursos humanos. Profesionales como Alfredo, Jorge, en su día Claudio Mendoza – ex científico de IBM de Venezuela─ o Ricardo Hausmann, se perdieron en favor de otros países que aprovecharon su formación. Hoy en día son necesarios y ya no están.
Esta situación hace que recuerde el dicho de mi abuela paterna: “el que no aprecia lo que tiene, a pedir se queda”. Tengo la sensación de que muy frecuentemente el ser humano cae en este error: no aprecia lo que tiene y por ello no da importancia al hecho de que debe cuidarlo y preservarlo.
Impulsado por el K-pop, los manga, el anime, el cine, las series de TV y su gastronomía, sociedades de países como Corea del Sur, China y Japón proyectan entre la población occidental una visión idealizada.
Con tasas de criminalidad bajas y alta eficacia institucional, sus ciudades se perciben ordenadas, limpias, seguras y tecnológicamente avanzadas.
Los países mencionados lideran la innovación global mediante grandes avances en inteligencia artificial, semiconductores, robótica y computación cuántica.
La estética de sus ciudades, junto con la proyección de avances tecnológicos significativos, se asocia con un progreso y una modernidad visual que deslumbra.
Tokio, vista de noche.La Torre de la Perla de Shanghai: mirador con piso transparente de 260 metros de altura.Lotte World Tower es un rascacielos de 556.1 metros y 123 plantas de Seúl, Corea del Sur
Contraste entre Oriente y Occidente.
Esta imagen ideal de las principales sociedades de Oriente contrasta con la percepción de crisis e incertidumbre que ha surgido en las democracias de Occidente.
El ideal de sociedades avanzadas ha trasladado su epicentro desde Europa y América del norte a estos países asiáticos.
Para la generación del baby boom, que vivió la época dorada de occidente, con sus avances tecnológicos e innovación, bajo el liderazgo de Estados Unidos tras la II Guerra Mundial, el valor romántico que adquiere esta visión ideal suscita escepticismo.
Los “Baby Boomers” son los grandes testigos de la historia. Esta generación no solo ha presenciado numerosos conflictos bélicos, sino también más cambios tecnológicos que ninguna otra generación en la historia humana.El Festival de Wodstock fue el punto de quiebre de la liberación femenina, el concepto de “Haz el amor y no la guerra” y el nacimiento del movimiento Hippie.Las encuestas sobre consumo indican que los “Baby Boomers” valoran la familia, el trabajo, la independencia financiera y la búsqueda de la eterna juventud. De ahí su tendencia a gastar en productos que les ayudan a mantener un estilo de vida activo y saludable.
Desgaste individualista occidental versus cohesión social oriental.
El desgaste individualista occidental frente a la cohesión social es uno de los debates sociológicos, políticos y filosóficos más cruciales de nuestra época
Pero también en este punto ─en la tensión entre la libertad personal absoluta y la necesidad humana de pertenencia, estabilidad comunitaria y responsabilidad compartida─ se presentan más interrogantes que aceptación acrítica.
En la fotografía de un rascacielos de Nueva York en 1932, titulada, “Lunch atop a Skyscraper”, el fotógrafo Charles C. Ebbets, captó once trabajadores, la mayoría emigrantes europeos, descansando de su trabajo a 260 metros sobre la calle. La escena fue preparada con la finalidad de promocionar el Rockefeller Center; una demostración de la pujanza de Estados Unidos. El “American way of life” se estaba convirtiendo en el ideal que traspasó sus fronteras.
Gran parte de la generación occidental de los baby boomers ya experimentó en su día vivir en una “sociedad ideal” con sus aciertos y desaciertos.
Orden y seguridad.
Lo mismo ocurre con los datos reales sobre seguridad, que suelen ser contradictorios, como, por ejemplo, en el caso de China.
Según las cifras oficiales chinas del 2025 indican que el índice de satisfacción y la “sensación de seguridad pública” superan el 98,23%.
Pero, contradictoriamente, no hay cifras relativas a la satisfacción general de la población.
A falta de estadísticas que completen la información dada por las autoridades, surgen posturas críticas que señalan la falta de total transparencia, así como la existencia de otras formas de delito menos visibles, tales como el fraude digital y la corrupción.
Pero lo cierto es que el uso masivo de tecnología, redes de cámaras con reconocimiento facial y una fuerte presencia policial contribuyen, de manera directa, a disuadir la delincuencia callejera.
Mafias y criminalidad que se transforma.
A pesar de que estas sociedades son percibidas como seguras, no se puede olvidar el papel que desempeñan las mafias que en ellas conviven.
La Jakuza, en Japón, las Triadas o las Hei She Hui (sociedades negras) organizaciones de crimen organizado en China y los Jopoko Kkangpae ── gánster o matón ── de Corea del Sur, son grupos que comparten similitudes históricas y operativas.
Es contradictorio hablar de sociedades respetuosa con los derechos ajenos, la limpieza y el orden, mientras esas sociedades modélicas tienen las organizaciones mafiosas más antiguas de la historia humana.
Las Jakuza, organizaciones estructuradas.
De las Jakuza, como organizaciones criminales estructuradas, existen antecedentes en el período Edo: los Bakuto y Tekiya.
Aunque la historiografía advierte sobre la tentación de establecer una continuidad demasiado sencilla entre aquellas agrupaciones Bakuto y Tekiya y las organizaciones Yakuza contemporáneas, sin duda estas están entre sus antecedentes históricos más antiguos.
Actualmente, debido al asfixiante cerco legal y económico, estas organizaciones se han visto obligadas a transformarse mediante fenómenos diversos.
Entre ellos se pueden mencionar:
la fragmentación,
el paso al delito digital
y la finalización de las guerras internas entre bandas rivales.
La Yamaken-gumi fue una de las principales bandas que se separaron en agosto de 2015 para formar el grupo disidente Kobe Yamaguchi-gumi.En abril de 2025, el sindicato Yamaguchi-gumi entregó a la policía un compromiso escrito unilateral para poner fin a los enfrentamientos con las organizaciones escindidas.
Las Yakuza en plena evolución.
El 20 de agosto de 2026 las autoridades japonesas anunciaron que dejarían expirar, por primera, vez una de las designaciones especiales de conflicto, la correspondiente al enfrentamiento con Ikeda-gumi, mientras continuaban las relativas a otros grupos rivales.
Esto demuestra comola presión estatal ha llegado a modificar el comportamiento de una estructura criminal histórica. Sus miembros buscan mantener un perfil bajo para no llamar la atención.
Otro cambio es que pasaron a conformarse como redes “fluidas”, anónimas y sin una estructura jerárquica tradicional como las agrupaciones Tokuryū.
Los tatuajes de los Yakuzas pueden cubrir casi todo el cuerpo, desde la espalda hasta las nalgas y la parte superior de las piernas, hasta los brazos.Mako Nishimura es una de las pocas mujeres conocidas que entró en el mundo de la Yakuza, territorio históricamente vedado a las mujeres en casi todos los niveles. En un sistema basado en una jerarquía y tradición estrictas, las mujeres solían estar relegadas a roles secundarios, lo que hace que su posición sea especialmente excepcional
Los Tokuryū, fenómeno criminal distinto.
Las autoridades japonesas identifican a los Tokuryū como organizaciones distintas. En todo caso considera que son redes anónimas, fluidas y de composición cambiante que han encontrado vínculos con las organizaciones Yakuza actuales y antiguas, con bandas extranjeras y otros ambientes criminales.
En 2025 la policía japonesa actuó contra más de 12.000 personas en relación con actividades asociadas a estos nuevos entornos.
Las actividades tradicionales de la mafia en Japón se están transformando.Clasificación de los detenidos por edad. Gráfico de actividades delictivas. Número de detenidos según la actividad delictiva.
Cambio en las actividades criminales.
Mientras abandonan la tradicional extorsión a comercios, trasladan su actividad a la ciberdelincuencia:
estafas cibernéticas complejas,
fraudes financieros en línea
y redes internacionales de lavado de dinero que operan fuera de las fronteras niponas.
En resumen, no hay una mejora en su estructura clásica, sino una desintegración del modelo tradicional de “mafia corporativa” hacia un ecosistema criminal mucho más oportunista, digital y difícil de rastrear.
No es una simple metamorfosis Yakuza → Tokuryū, sino ante un nuevo ecosistema criminal en el que lo viejo y lo nuevo se entrecruzan.
Barrio chino en California a principios del siglo XX.Las Tríadas también emigraron estableciéndose entre sus paisanos fuera de China.
Las Tríadasy su expansiónfuera de China.
Las organizaciones delictivas chinas, como las Tríadas se remontan al siglo XVII. Surgieron durante la resistencia de los súbditos de la dinastía Ming a los invasores mongoles que instauraron la dinastía manchú.
Transformadas en entes parecidos a las sociedades de socorro mutuo, y ansiosas por conseguir financiamiento, las Tríadas degeneraron en organizaciones criminales y se instalaron en Hong-Kong.
La instauración del comunismo maoísta y las guerras en el sudeste asiático, provocaron una masiva emigración de la población china hacia occidente.
Las Tríadas, informadas del auge del consumo de drogas registrado en Estados Unidos y Europa, al promediar la década de 1960, siguieron a esta población que emigraba.
En apenas dos décadas, la presencia de China en Latinoamérica ha crecido con una velocidad tan arrolladora como estratégica.Agentes de la división antidrogas OS7 de Carabineros de Chile examinaron una plantación ilegal de marihuana en un invernadero de la mafia china el Bang de Fujian, en Santiago de Chile, el 4 de mayo de 2024. (Foto: Carabineros de Chile).A diferencia de los notorios capos del siglo XX, la nueva generación del narcotráfico opera con una sofisticación silenciosa; es el surgimiento de una mafia empresarial.
De Chinatown, en el siglo XX, a América Latina en el XXI.
Al llegar los años 70, proliferaron las pandillas en los barrios chinos en Estados Unidos: Los Fantasmas, Las Águilas Blancas y Los Dragones Voladores se disputaron la supremacía en el Chinatown de Manhattan.
Estas bandas desplazaron a las organizaciones Tong, nombre de las sociedades secretas donde se habían agrupado los asiáticos para ayudarse entre sí y proteger a sus paisanos.
En el siglo XXI la conexión de las Tríadas chinas y las organizaciones criminales de América Latina representa una de las alianzas transnacionales más sofisticadas y lucrativas del mundo criminal.
En lugar de competir por el control territorial directo, las organizaciones asiáticas, entre ellas las Tríadas, actúan como plataformas financieras, logísticas y operativas que potencian las capacidades de los cárteles latinoamericanos.
Algunos medios de comunicación, como REUTERS/Tyrone Siu, informaron que en las manifestaciones del 2019 en Hong Kong existían sospechas sobre la presencia de miembros de las Tríadas en la represión que habían herido a varios manifestantes opositores. Destacaban que las Tríadas ya habían sido usadas en el pasado como brazo armado por el gobierno de Pekín.Las Tríadas chinas se han reconvertido. De organizaciones territoriales y violentas, evolucionaron hacia redes financieras globales y corporaciones criminales. Hoy dominan el lavado de dinero a escala global, los fraudes cibernéticos y el narcotráfico. Operan en Europa, América Latina y el Sudeste asiático.Medios del sudeste asiático indicaron que Wan Kuok-ko, conocido por su apodo “Diente Roto”, y dirigente de la Triada 14K de Macao, forma parte del órgano asesor de la política del gobierno de China. Ingresó a esta posición tras ser excarcelado. Pasó 14 años preso por asesinato, atentado con coche bomba, contrabando de armas, lavado de dinero, trata de personas, extorsión y soborno.
Cohesión y comunidad / presión social y aislamiento.
Pero no solo la mafia Yakuza, las Tríadas o los grupos Kkangpae provocan el escepticismo de los baby boomers en el modelo ideal asiático.
La cohesión social, observada en algunas sociedades de Asia Oriental, y muy admirada por algunos grupos occidentales, suele relacionarse con la tradición confuciana. No obstante, esta es una explicación insuficiente para comprenderla. Hay que tomar en cuenta las diferencias entre países, sus instituciones y sus procesos históricos.
Pero también es una simplificación no tomar en cuenta la posibilidad de que esta aparente armonía social encubra conformismo, exclusión o control.
Conductas que cuestionan la cohesión social.
El fenómeno Hikikomori, presente en Japón, ilustra cómo la presión extrema por el éxito académico y laboral hace que muchos jóvenes se autoexcluyan de participar socialmente.
Esta autoerxclusión lleva a los adolescentes y jóvenes a encerrarse en su habitación por años, cortando toda relación con el mundo exterior y su propia familia.
El Hikikomori es un trastorno psicosocial de aislamiento voluntario extremo en el que una persona se confina en su hogar —o en una sola habitación— durante un período prolongado, que suele ser de al menos seis meses, evitando todo contacto presencial con otras personas.Un adolescente con este síndrome se recluye en su habitación, durmiendo de día y manteniéndose activo por la noche. Sustituyen la interacción social por el uso excesivo de internet, redes sociales o videojuegos, siendo este el único vínculo con el exterior. Estos jóvenesdescuidan su higiene y salud, mientras que presentan reacciones de irritabilidad desproporcionada.
En Corea del Sur existe una manifestación similar: jóvenes aislados y recluidos que se parece mucho al fenómeno japonés.
Un informe de la Oficina Presupuestaria de la Asamblea Nacional surcoreana estimaba que podría afectar hasta a 540.000 jóvenes de 19 a 34 años, y el Gobierno puso en marcha programas específicos de atención dirigidos a esta población.
Lo que se conoce como Hikikomori nació como concepto japonés, pero el aislamiento juvenil no es exclusivo de Japón. Como fenómeno se ha extendido a otras sociedades, incluso fuera de Asia.
Transformación de la intimidad.
La presión social por adaptarse a unos estándares de exigencia muy altos, junto con:
problemas de conseguir una vivienda digna asequible,
la precariedad laboral,
el coste educativo,
la incorporación femenina al trabajo,
el desigual reparto de cuidados del hogar y los hijos,
las expectativas profesionales,,
cambios de valores,
retraso de la emancipación y otros factores,
han repercutido en el retraso de la edad para formar pareja o la negativa a casarse o a procrear.
Notable descenso de la natalidad.
China, Japón y Corea del Sur afrontan problemas demográficos muy serios.
China registró solamente 7,92 millones de nacimientos en 2025 y perdió 3,39 millones de habitantes durante ese año. Por su parte, Japón registró un descenso de tres millones de personas en cinco años.
En el caso de Corea del Sur, después de décadas de descenso, los matrimonios comenzaron a aumentar en 2023 y los nacimientos pasaron de unos 230.000 en 2023 a 238.000 en 2024.
A pesar de esta pequeña mejoría sigue existiendo en este país una gravísima crisis demográfica estructural, pero la evolución más reciente no es lineal.
Disminución de las relaciones sexuales.
El síndrome del celibato es como se le conoce a la disminución de las relaciones sexuales en países de Asia Oriental, especialmente en Japón y China. Este síndrome afecta a una gran parte de los jóvenes.
Pero las pulsaciones del deseo no han desaparecido.Se han transformado, digitalizado y fragmentado de forma radical.
Dos de cada diez adolescentes sienten atracción por avatares en Japón, según datos de la Asociación Japonesa para la Educación Sexual (JASE).El fenómeno de los hombres que prefieren entablar relaciones sentimentales y “casarse” con muñecas de silicona e hiperrealistas ha ganado visibilidad global en los últimos años. Y aunque el epicentro es Japón, se está extendiendo a otros paises asiáticos, e incluso a Occidente.Los mangas tratan en la ficción temas que preocupan a la sociedad. El éxito que tienen entre adolescentes y jóvenes determina su adaptación a otros formatos tales como series y película. Uno de los últimos es S&X en el que el psiquiatra y terapeuta sexual, Ichito Shimotori, incursiona en el tratamiento médico de la sexualidad en un Japón extremadamente conservador.Las estadísticas indican que el 68% de los matrimonios japoneses no suelen tener relaciones íntimas.
La concepción de intimidad se ha reconfigurado.
Son varias las tendencias de cómo los jóvenes expresan esta necesidad humana:
el cibersexo,
la intimidad monetizada,
la pornografía pasó de pasiva a una interacción bidireccional donde se paga por la simulación de una intimidad personalizada,
prácticas en plataformas de realidad virtual ,
conductas relacionadas con el efecto Pigmaleón y relaciones de ficción,
matrimonios y noviazgos con IA,
amor hacia personajes ficticios o avatares de IA…
En octubre de 2013 el director estadounidense, Spike Jonze, lanzó la primera de sus películas basada en un guión escrito por él, una intensa y melancólica historia de un hombre que se enamora de una asistente virtual con inteligencia artificial.Un digisexual prototípico es un hombre de entre 20 y 30 años, que puede haber crecido jugando videojuegos, a veces con amigos, pero también a menudo solo.Akihiko Kondo, un ciudadano japonés, se hizo famoso en 2018 por casarse con un holograma de Hatsune Miku, una cantante digital ficticia que es una estrella pop en Japón, país donde la digisexualidad está bastante extendida entre la juventud. (Foto: Grosby Group).
Todo un universo de manifestaciones que generan interrogantes que se quedan sin respuesta.
¿Cuál es el coste humano de determinadas formas de orden, rendimiento y cohesión social?
¿Puede una sociedad tener índices extraordinarios de seguridad y al mismo tiempo producir formas intensas de aislamiento?
¿Es posible que exista una fuerte valoración de la comunidad y, simultáneamente, una gran dificultad para expresar vulnerabilidad individual?
¿Puede una sociedad altamente tecnologizada trasladar también a la tecnología determinadas necesidades afectivas y sexuales que resulta más difícil satisfacer presencialmente?
Sin duda, todas estas interrogantes están por resolver.
Una pregunta formulada en 2012 terminó abriéndose camino hacia la ficción.
“Fábula de la violencia venezolana del siglo XXI en busca de autor”.
El 21 de mayo de 2012 publiqué en mi antiguo blog un artículo titulado “Fábula de la violencia venezolana del siglo XXI en busca de autor”. Lo escribí después de asistir a la puesta en escena de una adaptación teatral de “Cuando quiero llorar no lloro”, de Miguel Otero Silva, realizada por José Domínguez, antiguo compañero de carrera en la Universidad Católica Andrés Bello.
En esta novela, Miguel Otero Silva —escritor, periodista y uno de los fundadores de “El Nacional”— reflejó la violencia política y social que atravesó la Venezuela de los años sesenta. En ella expone cómo la violencia afectó a la juventud de aquella etapa, más allá del cambio de régimen.
José Domínguez Bueno (conocido como Pepe Domínguez) director, actor, productor y dramaturgo comenzó su labor artística con el grupo Autoteatro y colaboró en instituciones culturales clave como el Ateneo de Caracas desde 1986.José en una de las salas de estudio de la Universidad Católica Andrés Bello. En aquel entonces ya era licenciado en Administración. Actualmente forma parte de la diáspora venezolana. Reside en Galicia, su lugar de nacimiento. Su formación fue en Caracas, donde gestionó y produjo proyectos escénicos de relevancia.Miguel Otero Silva título su novela “Cuando quiero llorar no lloro inspirándose en los célebres versos del poema “Canción de otoño en primavera” de Rubén Darío.
José Domínguez llevaba esta adaptación a escena por segunda vez; la primera puesta en escena se había realizado en 2009, cuando yo aún no me encontraba en Venezuela. Al asistir a esta nueva representación, la obra me llevó a reflexionar sobre la violencia social que había encontrado en el país después de veinte años de ausencia continuada.
Sin comprender todavía la gravedad ni las dimensiones de lo que estaba observando, escribí entonces que, mientras contemplaba la adaptación teatral de José Domínguez, no podía dejar de pensar que la violencia era un fenómeno que atravesaba transversalmente la historia venezolana.
“Oficina Nº 1”, publicada en 1961 narra el nacimiento y crecimiento rápido y desordenado de un campo petrolero en el oriente de Venezuela en torno al pozo del mismo nombre. Es la continuación de “Casas muertas”publicada en 1955.En 1963 Miguel Otero publica “La muerte de Honorio”. Esta obra trata el encierro y las torturas de cinco presos políticos durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela. Para ese momento ya hacía cinco años que Venezuela había inaugurado la Cuarta República.“Lope de Aguirre, príncipe de la libertad” publicada en, es una novela histórica que reivindica al conquistador vasco Lope de Aguirre. La obra relata su famosa y sangrienta expedición desde Perú en busca de El Dorado. Miguel Otero Silva reinterpreta en esta obra al conquistador no como un cruel tirano, sino como el primer rebelde y precursor de la independencia americana contra la Corona española.
La pregunta que me formulaba era quién sería el escritor capaz de narrar la fábula de la violencia que azotaba a la Venezuela de comienzos del siglo XXI.
Plasmé de esta manera la impresión que tenía en aquel momento:
“Este país, puerta de entrada por el norte del continente suramericano, se encuentra en pleno siglo XXI sufriendo día a día el flagelo de la violencia que, aunque es un fenómeno que viene de lejos, ha adquirido un cariz especialmente virulento en el contexto de la Venezuela revolucionaria y polarizada”.
Todavía interpretaba lo que sucedía desde categorías que hoy considero insuficientes. Me refería, por ejemplo, a las invasiones de propiedades privadas, cometidas con aparente impunidad, como una de las manifestaciones de la violencia ejercida contra la población. Escribí entonces:
“Parecen estar dirigidas por mafias bien organizadas que semejan tener conexión con diferentes vertientes de la delincuencia común, tales como el narcotráfico o los secuestros exprés. Esto es lo que se desprende de las noticias de sucesos que plagan las páginas de los diarios”.
El Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) reportó que las cifras de homicidios simples y múltiples habían aumentado en ese año del 2012 y que a finales de diciembre la cifra quedaría con al menos 21 mil 692 personas muertas. Esta cifra suponía una tasa nacional de 73 asesinatos por cada 100 mil habitantes, una proporción récord, que en Caracas, la capital, aún era mucho mayor, del 122%.
Continuaba señalando que aquella violencia, reflejada en los medios de comunicación o transmitida de boca en boca, dejaba atónitos a quienes la escuchábamos o la leíamos:
“La saña de un ser humano perpetrada contra otro ciudadano es inusitada: cuerpos que aparecen decapitados o simplemente ‘cosidos’ a balazos. Algo que nunca se había visto en la Venezuela que conocí”.
Para intentar explicar lo que observaba, recurrí al concepto marxista de lumpenproletariado.
“Lo cierto es que, en el marco de esta revolución bolivariana, parece que un nuevo protagonista ha irrumpido en escena: el lumpenproletariado, una masa anónima formada por individuos procedentes de la periferia marginal de la sociedad, cercana a la delincuencia y convencida de que no tiene nada que perder”.
Hoy advierto que aquella interpretación establecía una asociación demasiado directa entre marginalidad, pobreza y delincuencia. No alcanzaba a comprender todavía la compleja red de intereses políticos, económicos y criminales que estaba desarrollándose en el país ni la utilización de determinados grupos por parte de quienes ejercían o disputaban el poder.
Sin embargo, el artículo ya recogía algunos de los efectos que la violencia estaba produciendo sobre la vida cotidiana.
“Los más leales seguidores de Chávez reconocen que el líder fracasó en el control de este submundo que amenaza la estabilidad de la población. En vano parecen haber sido las misiones lanzadas para controlar esta ola de intimidación que tiene a la población confinada en sus casas después de las seis de la tarde. Este ambiente de terror espanta y dispersa a la clase media, que huye en busca de un presente y un futuro más seguros allende las fronteras de su país”.
Entre 2010 y 2019, Venezuela experimentó una escalada crítica de criminalidad que la situó entre las naciones sin guerra declarada más violentas del mundo, con tasas que oscilaron desde los 48 hasta un pico histórico de 81,4 o 84,4 homicidios por cada 100.000 habitantes según registros del Observatorio Venezolano de Violencia.
Al releer hoy aquel trabajo, no encuentro exactamente una interpretación absurda, como pensé en un primer momento, sino una lectura todavía ingenua e incompleta. Miraba Venezuela desde la distancia que me había impuesto mi prolongada residencia en España. Apenas alcanzaba a ver la punta del iceberg y todavía no comprendía hasta qué punto la violencia estaba vinculándose con el poder, penetrando las instituciones y transformándose en una forma de control social.
A pesar de esas limitaciones, había percibido algo esencial: la inseguridad ciudadana y jurídica se encontraba entre las principales preocupaciones de los venezolanos durante la primera década del siglo XXI.
Terminaba aquel artículo con estas palabras:
“Miguel Otero Silva ya no está para vivirla, aprehenderla y dejarla plasmada en una novela que sería la continuación de su obra narrativa. Por tanto, se puede decir que la fábula de la violencia venezolana del siglo XXI anda en busca de autor”.
Poco podía imaginar entonces que aquella fábula no solo encontraría autor, sino que yo misma acabaría escribiendo una parte de ella.
“Motín en la cárcel. Al Fare le voltearon el carro” es una de las respuestas a la pregunta que me formulé en 2012. La novela no pretende abarcar toda la violencia venezolana del siglo XXI, pero nace de sus entrañas: de las cárceles convertidas en territorios gobernados por poderes paralelos, del miedo, de la impunidad y de una sociedad obligada a convivir con unas formas de violencia cuya verdadera dimensión apenas comenzábamos entonces a comprender.
Una reflexión a partir de las fotografías urbanas de Michael Wolf.
Recientemente, una amiga me hizo llegar una publicación de Melon Fotógrafo en Instagram. Detrás de este nombre artístico se encuentra Alejandro de Hoyo, fotógrafo y videógrafo nacido en Cádiz en 1985 y afincado en Ibiza. En esta publicación Alejandro comentaba el trabajo de Michael Wolf, reconocido fotógrafo alemán que documentó la hiperdensidad, la arquitectura y la vida cotidiana de algunas de las grandes metrópolis contemporáneas, como Hong Kong, Tokio y París.
La publicación comienza con una imagen desconcertante. Al contemplarla sin contexto, explica Alejandro, podríamos creer que estamos observando una parte de un microchip. Pero inmediatamente advierte: “No, estás mirando el lugar donde viven miles y miles de personas”. A partir de esa comparación, tan sencilla como perturbadora, presenta el trabajo fotográfico de Wolf.
Michael Wolf nació en Múnich (Alemania) el 30 de julio de 1954 y falleció en la isla de Cheung Chau (Hong Kong) el 23 de abril de 2019.Wolf se mudó a Hong Kong en 1994, donde trabajó durante 8 años como fotógrafo de la revista “Stern”.“Architecture of Density” presenta fotografías a gran escala de colosales edificios en Hong Kong que muestran patrones geométricos sin cielo.En las fotos de Michael Wolf el cielo y el horizonte están fuera del encuadre, transformando, de esta forma, las fachadas en extensiones interminables.Wolf buscó y encontró el equilibrio entre la capacidad crítica de la imagen y la estética.
La publicación hizo que resurgiera con fuerza una reflexión que me acompaña desde hace algún tiempo. En los últimos años se ha extendido cierta tendencia a presentar algunas sociedades asiáticas como modelos indiscutibles de prosperidad, eficiencia y modernidad. Sin negar sus logros, no comparto esa admiración cuando se formula de manera acrítica y sin preguntarse por las condiciones en las que transcurre la vida de sus habitantes.
En sus fotografías a gran escala de la arquitectura de rascacielos, Michael Wolf captura la hiperdensidad de megaciudades como Hong Kong.
Las fotografías de Michael Wolf no ofrecen una respuesta definitiva, pero hacen visible aquello que con frecuencia queda oculto tras las imágenes del progreso: la acumulación de viviendas, la desaparición del horizonte, la falta de intimidad y la reducción del espacio personal. Los edificios parecen haber dejado de estar hechos a la medida de las personas; son las personas quienes deben adaptarse a ellos.
La presencia de personas en las fotos sirve para denunciar el impacto psicológico del urbanismo masivo.El papel del ser humano aquí es el de un engranaje oculto dentro de una colmena humana monumental. Las personas son en las fotografías de Wolf metáforas vivas del coste humano de la hiperdensidad urbana.En la obra de Michael Wolf, las personas juegan un papel complejo que oscila entre la visibilidad extrema y la anulación total.
“Arquitectura de la densidad” (“Architecture of Density”) es su serie más famosa. Muestra enormes bloques de viviendas en Hong Kong.
Ante las perspectivas actuales de una posible prolongación de la vida humana, la pregunta adquiere una nueva dimensión: ¿querríamos vivir más años si tuviéramos que hacerlo en ciudades como las fotografiadas por Michael Wolf? Tal vez no baste con preguntarnos cuánto podrá prolongarse la vida. También deberíamos preguntarnos dónde, cómo y en qué condiciones merecerá la pena vivirla.
“Tokyo Compression”.
Uno de sus trabajos fotográficos más impactantes es “Tokyo Compression”. Este libro muestra sus últimas fotografías tomadas en la capital japonesa. En este caso la arquitectura no es el tema central. La densidad poblacional de la ciudad se muestra a través de su caótico sistema del metro. Para sus tomas, Michael Wolf eligió un lugar que proporcionó a su cámara imágenes nuevas minuto a minuto.
En “Tokyo Compression” los rostros fotografiados expresan fatiga, incomodidad, resignación y un profundo aislamiento.Con la piel pegada a las ventanas, los rostros de los pasajeros suelen aparecer parcialmente ocultos, borrosos por la condensación en el cristal.
Las imágenes de “Tokyo Compression” fueron tomadas en la estación Shimo-Kitazawa de Tokio durante un período de cuatro años.
En sus fotografías se puede apreciar los rostros de miles de viajeros que cada día entran en el subterráneo de esta megametropolis, permaneciendo en su interior durante una trayecto de dos horas o más, atrapados entre cristales, acero y otros seres humanos que se desplazan a sus trabajos y regresan a casa. En los innumerables rostros se percibe cómo intentan sobrellevar la evidente locura de una sociedad en la que se encuentran sumergidos.
Al cerrar los ojos o mirar hacia otro lado, los pasajeros intentan crear una barrera mental de privacidad en un espacio público asfixiante. El papel del individuo aquí es el de una víctima del sistema urbano.
En sus fotografías se puede apreciar los rostros miles de viajeros que cada día entran en el subterráneo de esta megametropolis, permaneciendo en su interior durante una trayecto de dos horas o más, atrapados entre cristales, acero y otros seres humanos que se desplazan a sus trabajos y regresan a casa. En los innumerables rostros se percibe cómo intentan sobrellevar la evidente locura de una sociedad en la que se encuentran sumergidos.
En Tokio viven cerca de 14 millones de personas en la propia ciudad y más de 37 millones en toda su área metropolitana.
El metro de Tokio que transporta cada día a 8,7 millones de personas con una frecuencia media de 2,5 minutos. ¿Cómo puede hacerlo con tanta precisión? La respuesta son los oshiya (“empujadores”) que ataviados con uniforme, gorra y guantes blancos son, los empleados más famosos del metro de la capital japonesa. Como su nombre indica, su función es básicamente empujar a los viajeros dentro de los vagones.
La muestra de fotografía de “Tokyo Compression” está acompañada por el ensayo del escritor, ensayista y periodista Christian Schüle, “Tokyo Subway Dreams”. El libro fue publicado por primera vez en 2010. Debido a su gran éxito, el proyecto tuvo varias continuaciones y reediciones en los años posteriores, tales como “Tokyo Compression Revisited” (2011) y “Tokyo Compression Final Cut” (2017).
“Tokyo Compression Revisited” es la segunda edición revisada, ampliada y definitiva del icónico fotolibro de Michael Wolf. Fue publicada en el año 2011 por la editorial Peperoni Books, después de que la primera edición original se agotara en cuestión de pocas semanas debido a su gran impacto internacional.A Wolf le siguió obsesionando el Rostro humano que demuestra que la vida persiste en la rigidez urbana. Regresó a la estación de metro de Shimo-Kitazawa en Tokio. Quería sumergirse aún más en lo que él llamaba “la locura subterránea”.
Con su ensayo Christian aporta una reflexión sobre la soledad urbana en las grandes urbes completando con ello el significado sensorial y emocional que reciben los que las observan. Este ensayo es en sí mismo un diagnóstico sobre el anonimato masivo y la alienación del individuo en las megalópolis modernas, tal como se señala en una de las presentaciones del libro.
La primera edición fue coeditado y lanzado simultáneamente en dos ciudades: Berlín (Alemania) por la editorial Peperoni Books y en Hong Kong por la editorial Asia One Book.
Si Erich Fromm analiza en “Psicoanálisis de la sociedad contemporánea” los procesos de enajenación del individuo en la sociedad moderna, Michael Wolf parece conferirles la expresión visual mediante su trabajo fotográfico. Fromm apela principalmente a la reflexión crítica del lector; Wolf comienza por interpelar su mirada y su sensibilidad.
Erich Fromm (1900–1980) fue uno de los psicólogos, psicoanalistas y filósofos humanistas más influyentes del siglo XX. Conectó el psicoanálisis con la sociología, argumentando que la sociedad y la cultura moldean la personalidad humana tanto como las pulsiones biológicas.A diferencia del psicoanálisis tradicional de Sigmund Freud —que buscaba la raíz de los problemas en los impulsos biológicos del individuo—, Erich Fromm aplica las herramientas clínicas para analizar la estructura socioeconómica. Su conclusión es contundente: vivir adaptado a una sociedad enferma no es sinónimo de salud mentalEn “Miedo a la Libertad” (“Escape from Freedom”, 1941) Fromm argumenta que el estilo de vida moderno trajo independencia, pero también soledad, alienación y desamparo. Para escapar de esta ansiedad, las personas a menudo se refugian en dinámicas destructivas tales como someterse a un poder superior o dominar a otros, e intentar eliminar el mundo exterior para no sentirse amenazado por él.
Entre ambos puede establecerse, por tanto, un diálogo complementario: el pensamiento de un psicólogo social, psicoanalista y filósofo humanista alemán de origen judío, y la obra de un fotógrafo también alemán que muestra cómo, en las ciudades hiperdensas, el ser humano puede quedar reducido a una presencia casi imperceptible entre la repetición interminable de edificios y ventanas.
En cierto modo, Michael Wolf parece haber fotografiado aquello que Erich Fromm había analizado.
Una reflexión sobre la sensatez, la coherencia y la responsabilidad pública.
Nota de la autora.
Este texto fue publicado originalmente en mi primer blog con el título “Delimitando el marco de valores” y el subtítulo “Significado de persona sensata”. Al recuperarlo para esta nueva página, he preferido formular el subtítulo como una pregunta: “¿Qué significa ser una persona sensata?”
Lo rescato porque la reflexión que contiene continúa vigente. La experiencia venezolana mostró hasta qué punto la pérdida de la prudencia, la coherencia y la responsabilidad individual puede repercutir en la vida colectiva. Años después, algunos acontecimientos de la actualidad española —entre ellos los debates suscitados por las actuaciones y explicaciones públicas del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero— vuelven a plantear interrogantes semejantes.
No pretendo equiparar automáticamente realidades políticas diferentes ni anticipar conclusiones que corresponde establecer a la justicia. Me interesa recuperar una pregunta anterior y más amplia: qué entendemos por sensatez y qué responsabilidad debemos exigir a quienes intervienen en la vida pública.
El texto se reproduce a continuación respetando, salvo pequeñas correcciones formales, su redacción original.
Publicado originalmente en mi primer blog durante la crisis financiera y de la deuda europea. Esta versión incorpora correcciones de estilo y algunas precisiones conceptuales, pero conserva el argumento central del texto.
Hace algún tiempo que le debo a una amiga un artículo sobre lo que personalmente considero que significa ser una persona sensata. En cierta ocasión, mientras hablaba de ella con otra persona conocida por ambas, mencioné que una de sus virtudes más destacadas era precisamente la sensatez.
Apenas había terminado de decirlo cuando se me ocurrió pensar que este concepto —que la Real Academia Española relaciona con la prudencia, la cordura y el buen juicio— puede asociarse con valores diferentes según el marco de referencia desde el cual se interprete. Me consideré, por tanto, en la obligación de aclarar qué significado tiene para mí esta palabra y de qué marco de valores parto al utilizarla.
Para explicarlo, necesito remontarme a las clases de Psicología Social impartidas por el profesor Marcos Brito en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas, durante la década de 1980.
En aquella asignatura, los estudiantes realizábamos el análisis de contenido de una obra a partir de las teorías sobre la motivación desarrolladas por el psicólogo estadounidense David McClelland. En mi caso, analicé, junto con dos compañeros, la obra teatral “La quema de Judas”, del escritor venezolano Román Chalbaud.
El ejercicio consistía en identificar en la obra indicios de las tres necesidades fundamentales estudiadas por McClelland: la necesidad de logro, la necesidad de poder y la necesidad de afiliación.
La necesidad de logro se relaciona con el deseo de realizar bien una tarea, superar dificultades y alcanzar objetivos que proporcionen una satisfacción personal. La necesidad de afiliación se manifiesta en el deseo de establecer y conservar relaciones positivas con los demás. La necesidad de poder, por su parte, se vincula con la voluntad de influir sobre otras personas o sobre el entorno.
El poder, sin embargo, no tiene una única expresión. Puede ejercerse para organizar, dirigir o desarrollar una obra beneficiosa para una colectividad; pero también puede convertirse en un instrumento de dominación y engrandecimiento personal. Es esta segunda forma de poder, orientada exclusivamente al beneficio propio, la que puede originar procesos destructivos con consecuencias negativas para el individuo y para quienes lo rodean.
Cuando predomina esa necesidad de poder personal, el individuo puede desarrollar una urgencia desmedida por acumular recursos económicos muy superiores a sus necesidades, adquirir bienes materiales, obtener reconocimiento y controlar su entorno de acuerdo con sus deseos.
En sus manifestaciones más extremas, esta motivación puede conducir a una persona a involucrarse en negocios poco claros o incluso delictivos con el propósito de mantener una vida de lujo, exhibición y gasto. También puede llevar a ciertos seudointelectuales a apropiarse de las ideas de otros para conseguir prestigio, visibilidad o reconocimiento.
Esta conducta no pertenece a una profesión ni a una clase social determinada. Aparece en quienes intentan ascender a costa de quienes tienen a su lado, corrompiéndose o corrompiendo a otros, y convirtiendo a las personas en instrumentos para alcanzar sus propios fines.
Quienes actúan de este modo suelen ignorar una forma diferente de realización personal, que no depende exclusivamente del prestigio, la riqueza o el reconocimiento social.
Un político puede sentirse realizado cuando consigue ejecutar una obra que beneficia a la comunidad. Un profesor puede experimentar esa satisfacción al comprobar que ha enseñado algo valioso a sus alumnos. Un médico puede encontrarla cuando logra curar o aliviar a sus pacientes. Un empresario puede alcanzarla al crear un proyecto próspero que, además de producir beneficios legítimos, genere empleo y bienestar.
En todos estos casos existe cierta capacidad de influencia y, por tanto, alguna forma de poder. La diferencia reside en la finalidad con la que se ejerce.
Cuando un político o un empresario está motivado exclusivamente por el poder asociado al cargo, por el dinero o por la visibilidad que proporciona su posición, aumentan las posibilidades de que incurra en comportamientos corruptos. En tales circunstancias, acaba justificando los medios empleados por los fines que desea alcanzar.
Un profesor dominado por esa forma de poder puede interesarse más por el dinero, la imagen o el prestigio que le proporciona su posición que por su verdadera labor educativa o por el respeto a las ideas de sus compañeros y alumnos. Del mismo modo, un médico puede valorar más el reconocimiento social y los beneficios económicos que la salud y el bienestar de sus pacientes.
Por el contrario, cuando una persona se encuentra profundamente motivada por el logro y orienta sus capacidades hacia una realización compatible con el bienestar de los demás, puede generar satisfacción no solo para sí misma, sino también para su entorno. La realización personal deja entonces de ser una empresa puramente individual y se convierte en una aportación a la vida colectiva.
El poder buscado únicamente para alimentar el prestigio, la riqueza o el protagonismo produce el resultado contrario. La satisfacción deseada nunca termina de alcanzarse, porque la necesidad de poseer, dominar o ser reconocido se incrementa progresivamente. El individuo entra así en un círculo interminable en el que ningún grado de poder parece suficiente.
Diversos pensadores han señalado que en las sociedades contemporáneas existe una tendencia a valorar el poder, la acumulación y la exhibición por encima de otras formas de realización humana.
Erich Fromm reflexiona sobre esta cuestión en “Psicoanálisis de la sociedad contemporánea ” y en “¿Tener o ser?”. Según su planteamiento, el ser humano moderno puede sufrir un proceso de alienación que lo lleva a confundir el «tener» con el «ser», provocando infelicidad tanto en sí mismo como en quienes lo rodean.
Después de esta digresión, puedo regresar al asunto central del artículo.
Considero sensata a una persona que consigue establecer un equilibrio entre sus necesidades de logro, afiliación y poder. No se trata de renunciar a la ambición, a la influencia ni al reconocimiento, sino de impedir que estos deseos se impongan sobre la integridad personal, el respeto hacia los demás y la capacidad de realizar una obra valiosa.
Cuando dije que la cualidad que más admiraba en mi amiga era la sensatez, quise expresar que había conseguido algo poco frecuente: orientar su vida hacia la realización personal y, al mismo tiempo, establecer relaciones sanas con sus familiares y amigos.
Mi amiga antepone el «ser» al «tener». Es una de esas personas que parecen haber escapado de una enfermedad bastante extendida: la necesidad inconmensurable de poder, prestigio, protagonismo y visibilidad.
No puedo imaginar como personas sensatas a quienes provocaron o agravaron la falta de liquidez del sector financiero que afectaba entonces a tantos ciudadanos. Tampoco puedo considerar sensatos a los dirigentes incapaces de gobernar en beneficio de las mayorías ni a los hombres de negocios que se aprovechan de la miseria de los demás, ya sea mediante el tráfico de drogas, la corrupción o la especulación económica.
Quienes actúan de esa manera parecen indiferentes ante las consecuencias que sus decisiones tienen sobre las personas, sobre un sistema educativo más igualitario o sobre un sistema sanitario capaz de garantizar el bienestar de los ciudadanos.
Lejos de representar la inteligencia, el éxito o el buen juicio, encarnan una forma extrema de insensatez y alienación. Tras ellos quedan el dolor, la desigualdad y la destrucción.
La verdadera sensatez requiere algo diferente: conocerse, establecer límites a los propios deseos y comprender que ninguna realización personal puede considerarse completa cuando se construye a costa de los demás.