El auge de la cultura asiática en occidente.
Impulsado por el K-pop, los manga, el anime, el cine, las series de TV y su gastronomía, sociedades de países como Corea del Sur, China y Japón proyectan entre la población occidental una visión idealizada.
Con tasas de criminalidad bajas y alta eficacia institucional, sus ciudades se perciben ordenadas, limpias, seguras y tecnológicamente avanzadas.
Los países mencionados lideran la innovación global mediante grandes avances en inteligencia artificial, semiconductores, robótica y computación cuántica.
La estética de sus ciudades, junto con la proyección de avances tecnológicos significativos, se asocia con un progreso y una modernidad visual que deslumbra.



Contraste entre Oriente y Occidente.
Esta imagen ideal de las principales sociedades de Oriente contrasta con la percepción de crisis e incertidumbre que ha surgido en las democracias de Occidente.
El ideal de sociedades avanzadas ha trasladado su epicentro desde Europa y América del norte a estos países asiáticos.
Para la generación del baby boom, que vivió la época dorada de occidente, con sus avances tecnológicos e innovación, bajo el liderazgo de Estados Unidos tras la II Guerra Mundial, el valor romántico que adquiere esta visión ideal suscita escepticismo.



Desgaste individualista occidental versus cohesión social oriental.
El desgaste individualista occidental frente a la cohesión social es uno de los debates sociológicos, políticos y filosóficos más cruciales de nuestra época
Pero también en este punto ─en la tensión entre la libertad personal absoluta y la necesidad humana de pertenencia, estabilidad comunitaria y responsabilidad compartida─ se presentan más interrogantes que aceptación acrítica.

En la fotografía de un rascacielos de Nueva York en 1932, titulada, “Lunch atop a Skyscraper”, el fotógrafo Charles C. Ebbets, captó once trabajadores, la mayoría emigrantes europeos, descansando de su trabajo a 260 metros sobre la calle.

Gran parte de la generación occidental de los baby boomers ya experimentó en su día vivir en una “sociedad ideal” con sus aciertos y desaciertos.
Orden y seguridad.
Lo mismo ocurre con los datos reales sobre seguridad, que suelen ser contradictorios, como, por ejemplo, en el caso de China.
Según las cifras oficiales chinas del 2025 indican que el índice de satisfacción y la “sensación de seguridad pública” superan el 98,23%.
Pero, contradictoriamente, no hay cifras relativas a la satisfacción general de la población.
A falta de estadísticas que completen la información dada por las autoridades, surgen posturas críticas que señalan la falta de total transparencia, así como la existencia de otras formas de delito menos visibles, tales como el fraude digital y la corrupción.



Pero lo cierto es que el uso masivo de tecnología, redes de cámaras con reconocimiento facial y una fuerte presencia policial contribuyen, de manera directa, a disuadir la delincuencia callejera.
Mafias y criminalidad que se transforma.
A pesar de que estas sociedades son percibidas como seguras, no se puede olvidar el papel que desempeñan las mafias que en ellas conviven.
La Jakuza, en Japón, las Triadas o las Hei She Hui (sociedades negras) organizaciones de crimen organizado en China y los Jopok o Kkangpae ── gánster o matón ── de Corea del Sur, son grupos que comparten similitudes históricas y operativas.
Es contradictorio hablar de sociedades respetuosa con los derechos ajenos, la limpieza y el orden, mientras esas sociedades modélicas tienen las organizaciones mafiosas más antiguas de la historia humana.



Las Jakuza, organizaciones estructuradas.
De las Jakuza, como organizaciones criminales estructuradas, existen antecedentes en el período Edo: los Bakuto y Tekiya.
Aunque la historiografía advierte sobre la tentación de establecer una continuidad demasiado sencilla entre aquellas agrupaciones Bakuto y Tekiya y las organizaciones Yakuza contemporáneas, sin duda estas están entre sus antecedentes históricos más antiguos.
Actualmente, debido al asfixiante cerco legal y económico, estas organizaciones se han visto obligadas a transformarse mediante fenómenos diversos.
Entre ellos se pueden mencionar:
- la fragmentación,
- el paso al delito digital
- y la finalización de las guerras internas entre bandas rivales.


Las Yakuza en plena evolución.
El 20 de agosto de 2026 las autoridades japonesas anunciaron que dejarían expirar, por primera, vez una de las designaciones especiales de conflicto, la correspondiente al enfrentamiento con Ikeda-gumi, mientras continuaban las relativas a otros grupos rivales.
Esto demuestra como la presión estatal ha llegado a modificar el comportamiento de una estructura criminal histórica. Sus miembros buscan mantener un perfil bajo para no llamar la atención.
Otro cambio es que pasaron a conformarse como redes “fluidas”, anónimas y sin una estructura jerárquica tradicional como las agrupaciones Tokuryū.



Los Tokuryū, fenómeno criminal distinto.
Las autoridades japonesas identifican a los Tokuryū como organizaciones distintas. En todo caso considera que son redes anónimas, fluidas y de composición cambiante que han encontrado vínculos con las organizaciones Yakuza actuales y antiguas, con bandas extranjeras y otros ambientes criminales.
En 2025 la policía japonesa actuó contra más de 12.000 personas en relación con actividades asociadas a estos nuevos entornos.



Gráfico de actividades delictivas.

Número de detenidos según la actividad delictiva.
Cambio en las actividades criminales.
Mientras abandonan la tradicional extorsión a comercios, trasladan su actividad a la ciberdelincuencia:
- estafas cibernéticas complejas,
- fraudes financieros en línea
- y redes internacionales de lavado de dinero que operan fuera de las fronteras niponas.
En resumen, no hay una mejora en su estructura clásica, sino una desintegración del modelo tradicional de “mafia corporativa” hacia un ecosistema criminal mucho más oportunista, digital y difícil de rastrear.
No es una simple metamorfosis Yakuza → Tokuryū, sino ante un nuevo ecosistema criminal en el que lo viejo y lo nuevo se entrecruzan.



Las Tríadas y su expansión fuera de China.
Las organizaciones delictivas chinas, como las Tríadas se remontan al siglo XVII. Surgieron durante la resistencia de los súbditos de la dinastía Ming a los invasores mongoles que instauraron la dinastía manchú.
Transformadas en entes parecidos a las sociedades de socorro mutuo, y ansiosas por conseguir financiamiento, las Tríadas degeneraron en organizaciones criminales y se instalaron en Hong-Kong.
La instauración del comunismo maoísta y las guerras en el sudeste asiático, provocaron una masiva emigración de la población china hacia occidente.
Las Tríadas, informadas del auge del consumo de drogas registrado en Estados Unidos y Europa, al promediar la década de 1960, siguieron a esta población que emigraba.



De Chinatown, en el siglo XX, a América Latina en el XXI.
Al llegar los años 70, proliferaron las pandillas en los barrios chinos en Estados Unidos: Los Fantasmas, Las Águilas Blancas y Los Dragones Voladores se disputaron la supremacía en el Chinatown de Manhattan.
Estas bandas desplazaron a las organizaciones Tong, nombre de las sociedades secretas donde se habían agrupado los asiáticos para ayudarse entre sí y proteger a sus paisanos.
En el siglo XXI la conexión de las Tríadas chinas y las organizaciones criminales de América Latina representa una de las alianzas transnacionales más sofisticadas y lucrativas del mundo criminal.
En lugar de competir por el control territorial directo, las organizaciones asiáticas, entre ellas las Tríadas, actúan como plataformas financieras, logísticas y operativas que potencian las capacidades de los cárteles latinoamericanos.



Cohesión y comunidad / presión social y aislamiento.
Pero no solo la mafia Yakuza, las Tríadas o los grupos Kkangpae provocan el escepticismo de los baby boomers en el modelo ideal asiático.
La cohesión social, observada en algunas sociedades de Asia Oriental, y muy admirada por algunos grupos occidentales, suele relacionarse con la tradición confuciana. No obstante, esta es una explicación insuficiente para comprenderla. Hay que tomar en cuenta las diferencias entre países, sus instituciones y sus procesos históricos.
Pero también es una simplificación no tomar en cuenta la posibilidad de que esta aparente armonía social encubra conformismo, exclusión o control.
Conductas que cuestionan la cohesión social.
El fenómeno Hikikomori, presente en Japón, ilustra cómo la presión extrema por el éxito académico y laboral hace que muchos jóvenes se autoexcluyan de participar socialmente.
Esta autoerxclusión llevar a los adolescentes y jóvenes a encerrarse en su habitación por años, cortando toda relación con el mundo exterior y su propia familia.



En Corea del Sur existe una manifestación similar: jóvenes aislados y recluidos que se parece mucho al fenómeno japonés.
Un informe de la Oficina Presupuestaria de la Asamblea Nacional surcoreana estimaba que podría afectar hasta a 540.000 jóvenes de 19 a 34 años, y el Gobierno puso en marcha programas específicos de atención dirigidos a esta población.
Lo que se conoce como Hikikomori nació como concepto japonés, pero el aislamiento juvenil no es exclusivo de Japón. Como fenómeno se ha extendido a otras sociedades, incluso fuera de Asia.
Transformación de la intimidad.
La presión social por adaptarse a unos estándares de exigencia muy altos, junto con:
- problemas de conseguir una vivienda digna asequible,
- la precariedad laboral,
- el coste educativo,
- la incorporación femenina al trabajo,
- el desigual reparto de cuidados del hogar y los hijos,
- las expectativas profesionales,,
- cambios de valores,
- retraso de la emancipación y otros factores,
han repercutido en el retraso de la edad para formar pareja o la negativa a casarse o a procrear.



Notable descenso de la natalidad.
China, Japón y Corea del Sur afrontan problemas demográficos muy serios.
China registró solamente 7,92 millones de nacimientos en 2025 y perdió 3,39 millones de habitantes durante ese año. Por su parte, Japón registró un descenso de tres millones personas en cinco años.
En el caso de Corea del Sur, después de décadas de descenso, los matrimonios comenzaron a aumentar en 2023 y los nacimientos pasaron de unos 230.000 en 2023 a 238.000 en 2024.
A pesar de esta pequeña mejoría sigue existiendo en este país una gravísima crisis demográfica estructural, pero la evolución más reciente no es lineal.
Disminución de las relaciones sexuales.
El síndrome del celibato es como se le conoce a la disminución de las relaciones sexuales en países de Asia Oriental, especialmente en Japón y China. Este síndrome afecta a una gran parte de los jóvenes.
Pero las pulsaciones del deseo no han desaparecido.Se han transformado, digitalizado y fragmentado de forma radical.




La concepción de intimidad se ha reconfigurado.
Son varias las tendencias de cómo los jóvenes expresan esta su necesidad humana:
- el cibersexo,
- la intimidad monetizada,
- la pornografía pasó de pasiva a una interacción bidireccional donde se paga por la simulación de una intimidad personalizada,
- prácticas en plataformas de realidad virtual ,
- conductas relacionadas con el efecto Pigmaleón y relaciones de ficción,
- matrimonios y noviazgos con IA,
- amor hacia personajes ficticios o avatares de IA…



Todo un universo de manifestaciones que generan interrogantes que se quedan sin respuesta.
- ¿Cuál es el coste humano de determinadas formas de orden, rendimiento y cohesión social?
- ¿Puede una sociedad tener índices extraordinarios de seguridad y al mismo tiempo producir formas intensas de aislamiento?
- ¿Es posible que exista una fuerte valoración de la comunidad y, simultáneamente, una gran dificultad para expresar vulnerabilidad individual?
- ¿Puede una sociedad altamente tecnologizada trasladar también a la tecnología determinadas necesidades afectivas y sexuales que resulta más difícil satisfacer presencialmente?
Sin duda, todas estas interrogantes están por resolver.


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