Mercedes Fuentes

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Mercedes Fuentes

Etiqueta: Filosofía

Disciplina y un conjunto de saberes que usa la razón para buscar respuestas sobre la realidad, la existencia, el saber, la moral y el ser humano. Su nombre viene del griego y significa «amor por la sabiduría»

  • Del amor cortés a mayo del 68.

    Del amor cortés a mayo del 68.

    Rebeldía, deseo y moral oficial.

    En las primeras décadas del siglo XII, el episcopado había culminado una profunda tarea de reforma interna.

    A los miembros de la vida eclesiástica se les prohibió el matrimonio y se les exigió la abstinencia sexual, considerada entonces una garantía de superioridad espiritual. La Iglesia se purificó y consolidó sus principios, sus estructuras intelectuales y su autoridad apoyándose en la intensa labor de los canonistas.

    Al mismo tiempo, los obispos procuraron remodelar las normas de la sociedad laica a través de la institución matrimonial. Impusieron la formación de parejas según reglas sancionadas por un ritual religioso; reafirmaron la indisolubilidad de la unión conyugal; ampliaron las prohibiciones de parentesco en nombre de un concepto casi ilimitado de incesto; y repitieron que la procreación era la única justificación legítima de la unión sexual. En el fondo, aspiraban a reducir, e incluso a suprimir, el placer dentro del acto conyugal.

    Pero estas normas no fueron aceptadas sin resistencia. Para la Iglesia no fue sencillo imponer su modelo. En la cúspide de la sociedad, la aristocracia reaccionó frente a aquella moral restrictiva.

    En ese contexto surgió una nueva forma de concebir la vida amorosa: el fin’amor —amor fino, amor puro, amor verdadero, en occitano—, llamado más tarde amor cortés por Gaston Paris en 1883.

    En las bases de la sociedad, la imposición eclesiástica tampoco fue recibida pasivamente. Los estudiantes de las escuelas urbanas, aficionados a la literatura, escribieron poesía satírica en latín. En ella expresaban su descontento y criticaban a la Iglesia, a la sociedad establecida y al poder. Por oposición, celebraban el vino, la taberna, el juego, las mujeres y el amor.

    Así, en el siglo XII, tanto el amor cortés como el goliardismo cuestionaron la moral oficial vigente y, en particular, la concepción eclesiástica del matrimonio.

    Ese mismo gesto de desafío volvería a aparecer, muchos siglos después, en la década de los sesenta, cuando los movimientos juveniles pusieron en cuestión los valores de la sociedad establecida.

    El filósofo Herbert Marcuse definió ese impulso como “la gran negación”: la separación, sobre todo de los jóvenes, respecto de una sociedad, una forma de vida e incluso un ámbito familiar. Era un “no” rotundo a un estado de cosas. Pero, como toda negación profunda, implicaba también la afirmación de valores nuevos u opuestos.

    Esa gran negación desembocó en los movimiento beat de los años 50 y hippie de los sesenta del siglo XX.

    Sus raíces pueden rastrearse en California, en la década de los cincuenta, en el barrio de North Beach, donde un grupo de poetas y amigos adoptó una vida informal, libre y bohemia, en abierta oposición a lo establecido. Aquellos escritores quisieron recuperar la voz de Walt Whitman en una poesía oral, mística y contestataria: una nueva conciencia poética como signo inicial de una nueva conciencia social.

    La Gran Negación” (o el Gran Rechazo) de Herbert Marcuse es un concepto de la teoría crítica que define el rechazo total al sistema capitalista y a la sociedad de consumo. Los movimientos beat y hippie llevaron esta idea a la práctica al vivir fuera de las normas y rechazar el lujo material.

    Luis Antonio de Villena, en “La revolución cultural. Desafío de una juventud”, recuerda que el movimiento beat no fue un fenómeno aislado.

    Tuvo precursores claros, incluso antes de la Segunda Guerra Mundial: Henri Michaux y Antonin Artaud en Francia, y Henry Miller en Estados Unidos. De nuevo, mediante la reivindicación del amor libre, se atacaba la concepción social del matrimonio. Diez siglos después, la juventud volvía a salir a la calle para cuestionar los valores dominantes de una sociedad.

    La comparación no pretende borrar las diferencias entre la Edad Media y la modernidad. Más bien permite observar una continuidad inquietante: cada vez que una moral oficial intenta ordenar el deseo, la juventud, la literatura y ciertas formas de vida la sociedad responde con rebeldía. En el siglo XII fueron el fin’amor y la poesía goliárdica; en el siglo XX, la contracultura beat y el espíritu de mayo del 68. En ambos casos, el deseo se convirtió en una forma de interrogación cultural.

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