Mercedes Fuentes

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Mercedes Fuentes

Categoría: Literatura y exilio

  • SALAZAR CHAPELA, BERTRAND RUSSELL Y LA FELICIDAD

    SALAZAR CHAPELA, BERTRAND RUSSELL Y LA FELICIDAD

    “La casualidad de la vecindad me permite ver a Bertrand Russell pasar por delante de mi ventana”. Así comienza “Bertrand Russell y la felicidad”, artículo que Esteban Salazar Chapela, escritor exiliado en Londres y último cónsul de la República española en Glasgow, publicó en El Nacional de Venezuela en 1956.

    Ambos eran vecinos en Millbank, junto al Támesis. Salazar Chapela tenía allí su residencia y su despacho de corresponsalía, mientras que Russell vivía en el número 29 de la misma calle. Desde su ventana, el escritor malagueño podía verlo pasar acompañado de su esposa, Edith Finch.

    Lo que le llamaba la atención era la vitalidad de su ilustre vecino. Con su rostro de “pasa malagueña” y su pelo blanco “como la espuma”, el filósofo conservaba una figura erguida y ágil. La pareja caminaba siempre cogida del brazo, pero, según observaba Salazar Chapela, era el octogenario quien parecía sostener y arrastrar a su esposa.

    Russell llevaba además un maletín poco corriente: una caja de madera con asa que despertaba la curiosidad del escritor y añadía una nota de humor a sus encuentros desde la ventana:

    “«Ahí viene el filósofo Bertrand Russell con su señora», le digo yo a mis visitantes, si tengo visitantes ese día, cuando veo venir por la calle al filósofo Bertrand Russell. Y todos nos asomamos para ver pasar al filósofo Bertrand Russell, a su señora y a su paralelepípedo ¿Qué llevará en esa caja?, me he preguntado yo a veces. ¿Un tratado de ciencia pura? ¿El secreto de su juventud inacabable? ¿Las joyas de sus cuatro esposas?”.

    La admiración de Salazar Chapela era compartida por otros contemporáneos. El escritor y diputado británico Michael Foot describió a Russell como el hombre más feliz que conocía. El filósofo, premio Nobel de Literatura en 1950, seguía trabajando e interviniendo en la vida pública, con una persistencia que también se manifestaba en su lucha contra la guerra.

    Salazar Chapela conocía “La conquista de la felicidad” publicado en 1930 y encontró en ese ensayo una idea que hizo suya:

    “Russell cree, como creemos algunos mortales, que la base de la felicidad consiste en tener un propósito —grande o mediano— y persistir en ese propósito con toda nuestra fuerza”.

    Leída desde el exilio, la reflexión adquiere un sentido particular. Para Salazar Chapela perseverar suponía continuar su obra y mantener los vínculos con quienes compartían el destierro.

    En “Perico en Londres”, ese compromiso aparece en una escena: el escritor sueña que un grupo de compatriotas se acerca bajo la lluvia y que él solo tiene un paraguas para compartir. Se puede leer la imagen como una expresión de su deseo de ayudar y de la insuficiencia de sus medios. Ya no disponía de los recursos de su antiguo puesto consular, pero seguía sintiéndose ligado a la suerte de los republicanos refugiados en Inglaterra.

    Así, el artículo sobre Russell puede leerse también como una declaración de intenciones. Mientras el exilio se prolongaba, Salazar Chapela seguía escribiendo y emprendiendo proyectos. Desde su ventana veía pasar a un hombre que conservaba la energía para trabajar y hacer planes. Esa presencia cotidiana podía recordarle que aún quedaban propósitos por cumplir y un paraguas que compartir.