Cuando regresé a Venezuela en 2011, después de veinte años de residencia en España, encontré un país en el que la violencia había alcanzado dimensiones muy distintas de las que había conocido durante mi infancia y mi juventud. Ese año, el Observatorio Venezolano de Violencia estimó 19.336 homicidios y una tasa de 67 por cada 100.000 habitantes. Un año después, en 2012, el mismo organismo estimó 21.692 personas fallecidas víctimas de la violencia y una tasa de 73 muertes por cada 100.000 habitantes.
En 2012 asistí, en el marco del Festival Internacional de Teatro de Caracas, al montaje de “Cuando quiero llorar no lloro”, la novela de Miguel Otero Silva llevada a escena por la Fundación Rajatabla. La obra, que tuvo una notable acogida, continuó representándose durante 2013 hasta alcanzar cien funciones. Aquella representación me llevó a reflexionar sobre una violencia social que, a mi regreso, percibía de una manera distinta a la que había conocido veinte años atrás.

Cartel de la temporada de 2013 de “Cuando quiero llorar no lloro”, puesta en escena de la Fundación Rajatabla. La obra había sido presentada en el Festival Internacional de Teatro de Caracas de 2012 y continuó representándose durante 2013.
Mi comprensión de lo que estaba ocurriendo era todavía parcial y las categorías desde las que intentaba interpretar aquella realidad eran necesariamente limitadas. Sin embargo, comenzaba a advertir que la violencia había adquirido dimensiones y formas que me resultaban nuevas.
De aquella reflexión surgió “Fábula de la violencia venezolana del siglo XXI en busca de autor”, un artículo publicado originalmente en uno de mis primeros blogs y que ahora he recuperado y reelaborado para Cuadernos bajo el título “A propósito de «Motín en la cárcel. Al Fare le voltearon el carro»”.
Leído desde el presente, aquel texto constituye también un antecedente de algunas de las preguntas sobre la violencia venezolana que años más tarde encontrarían otro cauce en “Motín en la cárcel. Al Fare le voltearon el carro”. No resulta casual, además, que el propio Observatorio Venezolano de Violencia advirtiera en su informe de 2012 sobre el incremento de la violencia dentro de las cárceles venezolanas, donde el uso de armamento de guerra y la disputa por el control del territorio penitenciario revelaban hasta qué punto la autoridad del Estado se había debilitado también dentro de esos espacios.
Fuentes: Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), 2011 – El año más violento de la historia nacional, 27 de diciembre de 2011; y 2012 – La violencia no se detiene, 27 de diciembre de 2012.
